Raúl Santiago Bartolomei

Raúl Santiago Bartolomei, P.E., M.Eng.

Universidad de Puerto Rico
Escuela Graduada de Planificación

Por: Gabriela González Izquierdo

Algunos siglos antes de Cristo, Platón afirmó que “la necesidad es la madre de la invención”. Pero esa necesidad que precede a la invención viene acompañada de un elemento indispensable para todo descubrimiento: la curiosidad. Entiéndase, pues, que tanto la necesidad como la curiosidad dan fruto a la invención, y la invención casi nunca se materializa sin una investigación que produzca resultados, respuestas, o que al menos ayude a identificar nuevos caminos y preguntas.

Es precisamente esa curiosidad la que motivó al investigador Raúl Santiago Bartolomei a generar unas preguntas claves a base de su experiencia como encuestador en el proyecto San Juan Ultra. Esas preguntas, reflejo natural de un cerebro curioso, se convirtieron en investigaciones formales bajo la sombrilla de Ultra, e incluso le sirvieron a Santiago Bartolomei para su tesis de Maestría en Planificación.

Las investigaciones que lideró Santiago Bartolomei se enfocaron en la cuenca del río Piedras, con el ser humano como objeto principal de estudio. Y es porque el investigador se propuso explorar cómo las percepciones y la afinidad del ser humano en torno a un cuerpo de agua como el río Piedras pueden determinar, en la escala comunitaria, la disposición de esos individuos a tomar acciones que busquen proteger ese río o, en una escala mayor, las estrategias de uso, conservación y política pública que se adopten por las agencias, municipios u otras entidades en torno al manejo de ese río.

“Cuando hablamos de inundaciones, todavía se piensa que el malo es el río, y que la solución es canalizarlo”, sostiene Santiago Bartolomei, quien además de cursar su Maestría en Planificación posee un grado de Maestría en Ingeniería Ambiental. “El problema con eso es que canalizar el río presupone que la cuenca se va a quedar igual; no se toman en cuenta los cambios ecológicos ni la construcción, ni que ese río eventualmente dejará de operar como ecosistema.”

Las tres investigaciones de Santiago Bartolomei utilizaron una encuesta para palpar el sentir general de residentes en diferentes comunidades dentro del área de la cuenca hidrográfica del río Piedras, en torno a temas como su percepción de riesgo de inundaciones, su valoración de los posibles servicios recreativos a ser prestados por el río y su disposición para pagar por mejoras al río, entre otros.

La investigación titulada “Vulnerabilidad a inundaciones en la cuenca del río Piedras: soluciones propuestas por residentes” recogió las percepciones de los encuestados en torno a su nivel de riesgo de inundaciones y las soluciones que propondrían para evitarlas o manejarlas. El área de estudio incluía hogares situados plenamente dentro de los mapas de zonas inundables que utiliza la agencia federal para el manejo de emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés). En términos generales, aproximadamente la mitad de los encuestados percibían un riesgo de inundación, y la otra mitad, no. Lo interesante es que muchos de los que no percibían riesgo alguno, estaban ubicados dentro de la zona de inundación. La solución ofrecida por la mayoría de los encuestados fue la canalización.

“Muchas personas no están conscientes del rol de la cuenca hidrográfica y lo que sucede en las zonas inundables,” señala Santiago Bartolomei. “Lo que se quiere no es pasar juicio sobre si la gente sabe o no; es ver si la información existe a nivel institucional y, si existe, entonces qué está pasando que no le está llegando a la gente.”

Por otro lado, la investigación titulada “Valoración de mejoras hipotéticas a la cuenca del río Piedras utilizando el método de valoración contingente” pretendía determinar si las personas encuestadas estarían dispuestas a desembolsar una suma anual de dinero para costear alguna organización que se dedicara a realizar mejoras al río Piedras que redundarían en servicios recreativos, incluyendo la posibilidad de bañarse, navegar o pescar en el río. Se observó que una gran mayoría de los encuestados estarían dispuestos a pagar por estos servicios de ecosistemas. Esta disposición guardaba una cierta relación con el nivel de escolaridad, la afinidad a espacios verdes y la edad, mientras que no parecía estar vinculada directamente con la cercanía física al río.

La investigación titulada “Restauración y conservación ribereña y fluvial del río piedras: enfoque en el manejo y administración de sus servicios de ecosistema” fungió también como tesis de Maestría para Santiago Bartolomei, y pretendía proponer un modelo de manejo de la cuenca y los cuerpos fluviales que se enfocara en respaldar y unir esfuerzos comunitarios. Ésta, en parte, se desprendía de la investigación que determinó que una cantidad considerable de personas estarían dispuestas a pagar por mejoras al río Piedras para disfrutar de servicios recreativos. En ese sentido, haría falta implementar un sistema de análisis de costo-beneficio de servicios de ecosistemas del río a la hora de tomar decisiones en cuanto a su manejo.

Las tres investigaciones concluyeron su primer ciclo recientemente, como parte del proyecto San Juan ULTRA (Urban Long Term Research Area, por sus siglas en inglés), auspiciado por la Fundación Nacional para las Ciencias (NSF, por sus siglas en inglés) y el Servicio Forestal de los Estados Unidos. San Juan ULTRA tiene como propósito ulterior desarrollar estudios que arrojen luz sobre la situación social, económica y ambiental de la ciudad de San Juan, con el fin de promover su desarrollo sostenible.

A pesar de que estos tres proyectos investigativos han explorado diferentes aspectos de un mismo tema, el manejo del río Piedras, todas apuntan hacia una misma dirección: que la conservación y el manejo de un recurso tan invaluable como el río Piedras dependen cada día menos de esfuerzos municipales o institucionales, y, en cambio, mucho más de los esfuerzos que los propios ciudadanos y organizaciones comunitarias puedan realizar para preservar el río como un bien activo, tal como lo harían con sus casas o sus terrenos. Porque al fin y al cabo, el río es de todos y es de nadie y, sin duda, dependemos más de él de lo que podríamos imaginar.